Killer elite

Jason Statham en Killer Elite

Jason Statham haciendo de, bueno, Jason Statham, un tipo que odia su trabajo pero es tan pro que no puede evitarlo.


Asesinos de elite: Statham lo hace otra vez
Por Ernesto Ayala

(Publicado en Artes y Letras, 15 de enero, 2012)

El jueves se estrenó Asesinos de elite. La historia es tan esperable que llega a dar un poco de risa: Danny, un mercenario de altísimo nivel, una máquina de matar que jamás falla pero que no por eso deja de tener su corazón, el actor Jason Statham nada menos, que ha hecho el mismo papel casi una docena de veces, decide retirarse del “negocio”, pero entonces un jeque secuestra a su mentor y socio, Robert DeNiro, que tiene por su haber otro tanto de papeles por el estilo, para obligar a Danny a hacer un último trabajo, que por supuesto es complicadísimo y lo pone en la mira de un ex militar de elite (Clive Owen), otro asesino profesional, dispuesto a todo con tal de proteger un importante secreto de sus ex camaradas. Una frase basta y sobra incluso para los detalles. ¿Hace falta decir más? La película tiene explosiones al por mayor, peleas a puño limpio, persecuciones en autos, tiroteos, escenarios a lo ancho del mundo, pocos diálogos y muchísimas miradas matadoras. Vista con humor es una delicia de lugares comunes, que no resiste mayor análisis.
El punto, sin embargo, y esto nos hace comentarla, es Jason Statham.

¿Cómo puede ser que este actor inglés, de poco pelo, marcada mandíbula y eterna barba de dos días esté convertido en un género en sí mismo? Ya se sabe, hay actores que son como camaleones: engordan, enflaquecen, un día hace comedia, otro día un drama, otro una de acción, como Leonardo DiCaprio. Otros, sólo son capaces de hacer un personaje, pero lo hacen bien o, al menos, con cierto encanto, como Woody Allen. Statham es, no cabe duda, de los últimos. Desde que el sobregirado pero extremadamente ondero director Guy Ritchie lo descubrió para Juegos trampas y dos armas humeantes, en 1998, el hombre ha hecho casi treinta películas, ninguna de ellas gran cosa, si hacemos una excepción con Collateral (2004), donde tiene un papel pequeño, y La estafa maestra (2003), cinta que tenía su qué. Pese a esto, el hombre es consciente, al parecer, de que sus talentos actorales funcionan siempre y cuando no lo exijan mucho. A punta de insistir en roles de ladrones, mercenarios y asesinos a sueldo, todos siempre muy profesionales, esencialmente solitarios, extremadamente bien vestidos, donde la manera en que toma una pistola o conduce un automóvil puede llegar a muchísima más expresiva que cualquier esfuerzo de rostro, Statham, sin embargo, ha hecho de sus limitaciones su éxito, lo que no deja de tener algo de admirable.

Su figura, por lo demás, insiste es un estereotipo que tiene ciertas zonas oscuras. Sí, el es macho recio, que esconde sus sentimientos y prefiere hablar con los hechos en lugar de las palabras, una figura cuyo máximo expositor cinematográfico fue John Wayne, pero que también se encarnó en Humphrey Bogart, Clint Eastwood, Robert Duvall, James Coburn o Bruce Willis. Statham, como varios de su raza, también es un símbolo sexual, sin embargo, en sus cintas rara vez lo vemos con una mujer, menos aún teniendo sexo casual a la James Bond. No, su personaje está más cerca del monje solitario, del experto que pago su aprendizaje con la soledad, aislado afectivamente de cualquier relación y de todo pasado. Wayne era noble porque quería u odiaba intensamente. Eastwood, porque buscaba siempre una reparación, en la moral o en la sangre. Willis, porque siempre es un derrotado que trata de pararse de las cenizas. Statham no tiene aún nobleza –y si sigue haciendo la misma basura de siempre capaz que nunca la alcance–, pero en sus personajes vemos al profesional condenado al ostracismo por un trabajo que hace mejor que nadie, pero que ha terminado por odiar. ¿Signo de los tiempos? Capaz que sí. Statham está constantemente tratando de rebelarse contra las cadenas de la especialización, contra la condena de ser bueno en algo que se detesta. En esto, y no es las infinitas escenas de puñetazos, puede estar la razón de que el público acepte verlo una y otra vez en películas que de distintas sólo tienen el nombre.

Asesinos de elite
Dirigida por Gary McKendry
Con Jason Statham, Robert de Niro y Clive Owen.
Estados Unidos y Australia, 2011
116 minutos.

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