Archive for 15 marzo 2010

(500) days of Summer

marzo 15, 2010

A todo el mundo pareció gustarle 500 días con ella ((500) days of Summer). A mí me pareció simpática la primera vez que la vi. La segunda me pareció un trampa para desprevenidos. Publiqué este comentario en el Artes y Letras, de El Mercurio, el domingo 14 de mayo, 2009:

500 días con ella

Emociones predigeridas

Por Ernesto Ayala

Las buenas películas francesas, especialmente cuando uno piensa en las cinta de Renoir, parecen no tomarse el amor muy en serio y, sin embargo, filman el proceso de enamorarse y desamorarse con mucho cuidado, como si todo lo que hay de apasionado, de frágil y de ridículo en el hombre se juntara en un solo lugar y a una sola hora. El resultado, en las mejores ocasiones, es un individuo retratado con distancia, pero también con respeto por sus virtudes, defectos e innegables matices. Una cinta como 500 días con ella, recién estrenada, actúa en cambio de manera totalmente inversa: parece tomarse el amor muy en serio, pero lo filma a la ligera, como si un par de postales y algunas bonitas canciones bastaran para dar cuenta del enorme movimiento de fuerzas que significa experimentar el amor.

Hay que admitir que en un principio la cinta se ve como una vuelta de tuerca a la típica película romántica. Una voz en off, masculina, de mayor edad que los personajes y explícitamente literaria –como el narrador de una novela a fin de cuentas–, dice: “Esta es una película de chico conoce a chica, pero usted debe saber de inmediato que no es una historia de amor”. Luego, mediante números que se intercalan en la pantalla nos enteramos que veremos los 500 días del romance fallido entre Tom (Joseph Gordon-Levitt) y Summer (Zooey Deschanel), un redactor de tarjetas village y una asistente de su oficina, en un Los Angeles que está filmado sin playas y con muchos departamentos y lluvia, como si fuera Nueva York pero sin mucho frío, lo que se puede explicar, en parte, porque se trata del Los Angeles mental del protagonista, que pese a redactar tarjetas de regalo en realidad quiere ser arquitecto. Sí, Tom es un tipo con inquietudes estéticas y buen corazón, lo que pone a la cinta, como bien lo escribió Daniel Villalobos en http://somosblogs.cl/cine/2010/la-formula-500-dias-de-verano, en el súbgenero de romance entre chico sensible y chica especial. La película va y viene de un momento a otro de la relación, sin que el espectador nunca se pierda gracias a que cada momento está señalizado con alguno de los 500 días en cuestión. En este ir y venir la cinta logra algunos de sus momentos más interesantes, al mostrar los contrapuntos –a medio camino entre lo cómico y lo trágico– entre el comienzo del romance y su fin.

Sus logros, sin embargo, no llegan más lejos de sacar algunas sonrisas y trasmitir cierta tierna compasión por el protagonista, que, también hay que decirlo, está en buena medida manipulada por la omnipresente y demasiado fácil banda sonora. Esto se debe a que la cinta, dirigida por Marc Webb, un ex director de video clips, simplemente tiene muy poco de cine. No hay plano en la cinta que dure más de seis o siete segundos. Incluso en escenas donde todo lo que sucede es una conversación entre Tom y Summer, el director satura con distintos ángulos y no deja tiempo para que los actores suelten más que una línea o realicen un único gesto. Todo está compartimentado y segmentado, picado y pulido para entregar una y solo una sensación, un único significado. Summer toma sorpresivamente la mano de Tom y vemos un primer plano de ambas manos. El alaba la sonrisa de Summer y vemos un primerísimo plano de ella sonriendo. No hay misterio, no hay duda, la película no tiene respiración propia. Los aciertos de los que vemos en pantalla son aciertos del guión, que, sin embargo, también se somete a la lógica de la segmentación y la obviedad. Emociones predigeridas, instantáneas como el puré en polvo, listas para sentir sin trabajo alguno. Esto no es cine. Es televisión en pantalla grande.

500 días con ella

Dirigida por Marc Webb

Con Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel.

Estados Unidos , 2009

95 minutos.

Sobre The Hurt Locker

marzo 9, 2010

The Hurt Locker fue, con una extraña justicia, la cinta más premiada en la última entrega de los premios Oscar. Este el comentario que publiqué sobre la cinta, en el Artes y Letras, de El Mercurio, del domingo 21 de febrero:

“Vivir al límite”

Hombres bajo mucha, mucha presión

Por Ernesto Ayala

Suena un poco extraño decirlo de esta manera, pero “Vivir al límite”, de Kathryn Bigelow, nos recuerda lo buena que puede ser una buena película de acción. A su lado, las grandes producciones de los últimos años se sienten fofas, infladas a punta de efectos especiales, de situaciones fantásticas, de emociones de consumo rápido para adolescentes. La cinta sigue de cerca una brigada de soldados estadounidenses que desarma bombas en Bagdad. Es uno de los trabajos más peligrosos del mundo y, en un recurso cinematográfico clásico pero que no por eso deja de ser por eso efectivo, la película nos recuerda los riesgos a que se exponen los personajes en la primera secuencia. A partir de ese momento, claro, estamos esperando a ver qué sucederá en la próxima. La brigada está compuesta sólo por tres especialistas: Sanborn (Anthony Mackie), Eldridge (Brian Geraghty) y James (Jeremy Renner). Sanborn es hábil, responsable, juicioso y se ajusta al protocolo, porque cree que ofrece las mayores protecciones para sobrevivir. Eldridge es el más joven, el más temeroso y sensible. James es fuerte, duro, arriesgado y muy hábil desarmando bombas. También es, por supuesto, el centro de la película y un auténtico misterio: no le gusta usar el robot para detonar bombas, el traje de kevlar tampoco le acomoda mucho y odia ajustarse a protocolo si eso interviene con su concentración y trabajo. Ha desarmado más 800 bombas, pero lo hace a su manera. Sin embargo, pese a ser un cowboy, una especie de genio solitario, también puede ser paternal con Eldridge o encariñarse con un niño iraquí que vende DVDs. ¿Por qué es como es? ¿Por qué al acercarse a una bomba que puede estallar en cualquier segundo siente excitación en lugar de miedo? El no lo sabe, a nosotros sólo nos queda especular.

La cinta, escrita por Mark Boal, un periodista del New York Times que estuvo en terreno investigando a estas brigadas, no cae en la trampa de imaginar un único enemigo, a quien el equipo trata de perseguir o atrapar. Se limita, en cambio, a sumar secuencias del trío, según los días pasan y Sanborn y Eldridge se muestran cada vez más ansiosos porque llegue el final de su asignación a la brigada. Esta estructura, suelta, episódica, sin una narración estrictamente aristotélica, le acomoda a Bigelow, cuya interesante pero irregular carrera, demuestra que es una directora de nervio, con buena garra, aguda, pero muy dependiente del guión que tiene entre manos. En esta ocasión se suma al estilo “documental” tan en boga hoy, con mucha cámara en mano, uso de la luz natural, bastante corte, en la búsqueda de entregar un efecto realista. Lo logra sobradamente, y gracias a esta incuestionable verosimilitud, la cinta mantiene un persistente suspenso. El real enemigo de los personajes es el tiempo, un tiempo que no pasa lo suficientemente rápido como dejar de una vez el infierno al que se enfrentan día a día.

“Vivir al límite” –“The hurt locker”, en su título original–  y “A serious man”, la película de los hermanos Coen, son posiblemente los mejores títulos entre las postulantes al Oscar de este año. Eso no quiere decir que la cinta de Bigelow sea una joya a prueba de balas. Ella omite, explícitamente, todo comentario político, y esto se siente algo arbitrario cuando todo sucede en una guerra tan cuestionada, bajo todo punto de vista: militar, estratégico, político y económico. Para ella, esta guerra podría ser cualquier otra, y su interés está en el efecto que provoca en los hombres y en su virilidad más que en otra cosa. ¿Qué es lo que se tuerce en un hombre cuando vive y trabaja bajo ese nivel de presión? Esa parece ser la pregunta que tras la acción de la cinta. Es una pregunta válida, pero quizás no es la pregunta que más nos intriga cuando pensamos en Irak.

Vivir al límite

Dirigida por Kathryn Bigelow.

Con Guy Pearce, Ralph Fiennes, Jeremy Renner

Estados Unidos, 2008

131 minutos