Archive for 16 junio 2010

Háblame de la lluvia (Parlez-moi de la pluie)

junio 16, 2010

Publicado en el Artes y Letras, El Mercurio, el 16 de mayo, 2010:

Agudeza

Por Ernesto Ayala

El cine francés sabe explotar mejor que ninguno la idea de provincia, de pueblo pequeño, donde lo rural se mezcla con la pequeña burguesía, tradición que ha heredado, con poco lugar a dudas, de sus grandes novelistas del siglo XIX. Esas casas de muros grises y mesas bajo los árboles debieran ser a esta altura un patrimonio de la humanidad. A través del cine, Francia nos ha hecho conocer –y añorar– su provincia tanto o más de lo que nos ha hecho conocer París o, por cierto, su renombrada costa mediterránea. Háblame de la lluvia, de Agnès Jaoui, está ambientada en uno de esos pueblos, a tres horas de París, una ciudad que nunca se ve pero que está presente como una sombra sobre sus personajes, un símbolo de liberación o de conquista inalcanzable para la mayor parte de ellos. Porque esta cinta trata, en el fondo, de expectativas no cumplidas, de insatisfacciones irresueltas, de desacuerdos entre lo que queremos y lo que logramos. Michel (Jean-Pierre Bacri) es un periodista maduro y torpe, que sueña con grandes proyectos que no tiene capacidad –ni ambición– de cumplir. Esta vez involucra a un ex alumno, Karim (Jamel Debbouze), para filmar a un documental sobre Agathe Villanova (la misma directora Agnès Jaoui), diputada feminista, como comienzo de una serie que supuestamente tratará sobre “mujeres exitosas”. Karim conoce a Agathe porque es hijo de la nana argelina que ha trabajado desde muy joven en la casa de los padres de Agathe. Junto a esta historia central está Florence (Pascale Arbillot), la hermana de Agathe, con un marido que la ama y consiente, pero cesante, infantil a los ojos de Florence y al que ella traiciona en raptos de gran pasión con el inútil de Michel. La cinta describe toda esta comedia humana con un tono leve, a medio camino entre lo cómico y lo irónico, muy lejos de la seriedad existencial con que muchas veces sentimos el cine francés contemporáneo. En un registro realista, la cinta poco a poco suma situaciones incómodas, que revelan arrogancias, desencuentros y rencores acumulados por los personajes. En una escuela que puede verse como deudora de Renoir y Rohmer nada es demasiado grave, pero la resolución tampoco está a la vuelta de la esquina. Los seres humanos no somos más que unos burros, parece querer decir la película, que rara vez sabemos ver lo que tenemos delante de nuestros ojos, que rara vez entendemos lo que nos hace bien, y, sin embargo, tenemos algo que no redime: nos interesa el amor; pese a nuestras pequeñeces nos tratamos de querer y de abrazar. En ese terreno hasta los personajes más patéticos tienen una posibilidad de salvarse de sus propias zancadillas y neurosis. Quizás la cinta fuerza de sobra algunos situaciones, como la relación entre Florence y Michel, cuyo lazo parece cumplir más las necesidad del guión que la naturaleza de los personajes, pero sus logros, especialmente su mirada a la vez aguda y compasiva sobre la condición humana, permite sentir que se está ante una película que alumbra con alegría e inteligencia la cartelera en estos difíciles tiempos para el espectador adulto.

Háblame de la lluvia

Dirigida por Agnès Jaoui

Con Jean-Pierre Bacri, Jamel Debbouze, Pascale Arbillot

Francia, 2008

100 minutos

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Te creís la más linda (pero erís la más puta)

junio 15, 2010

Publicado en el Artes y Letras, el 2 de mayo, 2010:

Como quien no quiera la cosa

por Ernesto Ayala

Es raro que nos hayamos demorado tanto en Chile en tener una película como Te creís la más linda (pero erís la más puta). Parece tan sencilla de filmar, tan directa, tan liberada de pretensiones sin destino y, sin embargo, en la mayor parte de los casos, los cineastas locales han optado casi siempre por proyectos más ambiciosos, donde se muestran con más ganas que oficio, “autores” sin saber redactar con mediana claridad. Dada las modestas dimensiones de nuestro cine y nuestro mercado, debieran haber, a esta altura, muchas películas como Te creís la más linda…, cuando quizás sólo Y las vacas vuelan, de Fernando Lavanderos, y Sábado, de Matías Bize, pueden verse como antecedentes cercanos y, más atrás, mucho más atrás, Tres tristes tigres, de Ruiz.

El primer largometraje de Ché Sandoval, director que, dicho sea de paso, este año recién cumple 25 años, cuenta en lo esencial una noche y un amanecer de Javier (Martín “Callebli” Castillo), un tipo de 19 años, estudiante de música, al que le pena ser un eyaculador precoz. Mientras vaga por Providencia y Bellavista, piensa que su mejor amigo, Nicolás (Francisco Braithwaite), está seduciendo a Valentina (Camila Le Bert), una mujer de la que se enamoró hace pocos días y con la que no pudo desempeñarse en la cama como le hubiera gustado. Javier, entre otras cosas, está paranoico porque antes él sedujo a Francisca (Andrea Riquelme), la polola de Nicolás, y, aunque se lo confiesa a su amigo al inicio de la cinta, parece asustado por un posible ajuste de cuentas.

La cinta está filmada con video de alta definición, una cámara en mano bastante tranquila y un montaje reposado y cuidadoso, donde hay básicamente mucha calle y mucha conversación. Javier se revela como un tipo ansioso de cariño, de contacto, de comprensión, pero, a su pesar, extremadamente autoconciente, al punto de que siempre termina por explicitar en voz alta los mecanismos de la propia situación en que participa. Cuando se acerca a Valentina por primera vez y ella lo acepta, él, incrédulo, le dice: “¿La dura que estás tan pero tan sola en la vida que la hueva’ me resultó?”. Detrás de esta lucidez nihilista y escéptica, sin embargo, Javier, todo lo que quiere, es ser aceptado con lo pendejo y malo en la cama que es. Él tiene mucho de Holden Caufield, del antiguo Woody Allen, de los personajes con que Linklater, Kevin Smith o Martín Rejtman comenzaron sus películas. El entorno, por supuesto, no lo ayuda. En Te creís la más linda…, Sandoval ha creado un mundo sutil pero constantemente hostil. Es gente de clase media, corta de dinero, pero sin mayores preocupaciones económicas, que, por cierto, está muy lejos del equilibrio afectivo. Nicolás y Javier, mejores amigos, se tratan a punta de insultos y desprecios. Valentina y Francisca no son mucho más tiernas. Un amigo de Javier le paga por recibir un combo. Los padres, en la práctica, no existen. Los deseos de abrazo de Javier tienen poca recepción en un universo como éste, y sus maneras, directas, inmaduras y algo torpes, tampoco lo ayudan mucho. Javier se convierte así en un pequeño héroe entrañable, que, como puede verse en el estupendo plano final, pese a todo persiste.

Te creis la mal linda…, por cierto, no es una película tradicional –la trama es más episódica que encadenada; los personajes evolucionan poco y nada; el arco dramático es más bien difuso–, pero, bajo su apariencia suelta y descuidada, como quien no quiere la cosa, obtiene más verdades y aciertos que producciones de mucho más envergadura. Y no sólo muestra a un director que, por joven que sea, tienen muy claro lo que está haciendo, sino que contribuye a explorar un territorio –cine de calle y conversaciones– que deberíamos haber conquistado hace rato.

Te creís la más linda (pero erís la más puta)

Dirigida por Che Sandoval

Con Martín Castillo, Francisco Braithwaite, Camilla Le Bert y Grimanesa Jiménez.

Chile, 2007.

89 minutos

Camino a la redención (The burning plain)

junio 15, 2010

Publicado el 18 de abril, 2010, en Artes y Letras, El Mercurio, Santiago.

Perseguidos por el pasado

Aunque aún es difícil predecirlo en este momento, puede que Guillermo Arriaga termine consignándose como el verdadero autor detrás de Amores perros, 21 gramos y Babel, películas dirigidas por Alejandro González Inárritu, en las que Arriaga sólo fue el guionista. Desde que la dupla de mexicanos dejó de trabajar en conjunto, ciertamente que Arriaga está haciendo méritos obtener dicho reconocimiento. Camino a la redención, estreno de la semana pasada y primer largometraje que el guionista dirige, vuelve a recurrir a su sello de fábrica: contar una historia coral y aparentemente desmembrada, donde el destino de todos los personajes, sin embargo, están entrelazados, como el rompecabezas de un gran fresco. Esta vez la acción sucede a la vez en Óregon y Nuevo México. En Óregon vemos a Silvia (Charlize Theron), la anfritriona de un sofisticado restaurante junto al mar, infeliz, que se acuesta con el primer hombre que se lo propone y se auto infiere heridas con la misma frialdad. Hasta allí un mexicano que comienza a seguirla. En Nuevo México, Gina (Kim Basinger), madre de cuatro niños, está enamorada de un hombre que no es su marido y su hija adolescente, Mariana (Jennifer Lawrence), poco a poco se da cuenta.

Como es habitual en las películas escritas por Arriaga, muchas veces vemos primero las consecuencias de un acto y luego sus causas. Se podrá discutir mucho de las ventajas y desventajas de romper la linealidad del relato de manera tan explícita, pero lo cierto esto permite enfriar lo contado, si se puede decir, distanciarlo de las emociones más inmediatas y mover los énfasis. Como se vio en Amores perros y en 21 gramos, las historias inventadas por Arriaga abundan en giros y efectos melodramáticos. No queremos contar más detalles de la trama de Camino a la redención, pero si pudiéramos resumir sus eventos en orden cronológico, no estaríamos muy lejos del barroquismo habitual del culebrón latinoamericano. Pero contado como está, con ida y venidas y grandes elipsis, el relato queda más cerca de una novela realista y algo audaz. En otras palabras, es melodrama para espíritus refinados. El quiebre del relato lineal también permite trasladar los énfasis desde el comienzo de la historia hacia su final, desde las causas a las consecuencias, ya que los personajes se presentan, en buena parte, cuando ya ha pasado la gran crisis, viviendo en la áspera estela de sus acciones previas. En ese sentido, Camino a la redención es una película más madura que Babel, donde detrás de la toda la pirotecnia visual no habían más coincidencias algo rebuscadas, destinos que se cruzaban por error o simples necesidades del guión. Aquí el pasado en una presencia más robusta, más densa, más cargada, más asfixiante. Somos la consecuencias de nuestros actos y su sombra no nos deja fácilmente.

Frente a Camino a la redención es válido, sin embargo, preguntarse si un melodrama merece un envase tan cool, tan buscadamente sofisticado. ¿Sus verdades simples no merecen acaso una forma más simple? Con todo lo interesante que puede resulta la cinta, hay algo en ella que te deja frío, distante, fuera del compromiso emocional que estos relatos suelen acarrear. El efecto, posiblemente, es buscado, pero ¿es necesario? Hay algo en las opciones de Arriaga que se siente manierista, artificioso, complacido más por la forma que por el fondo, más fiel quizás a una manera de contar las cosas que a las resonancias de lo contado.

Camino a la redención
Dirigida por Guillermo Arriaga.
Con Charlize Theron, Kim Basinger, Jennifer Lawrence .
Estados Unidos, 2008
107 minutos