Háblame de la lluvia (Parlez-moi de la pluie)

Publicado en el Artes y Letras, El Mercurio, el 16 de mayo, 2010:

Agudeza

Por Ernesto Ayala

El cine francés sabe explotar mejor que ninguno la idea de provincia, de pueblo pequeño, donde lo rural se mezcla con la pequeña burguesía, tradición que ha heredado, con poco lugar a dudas, de sus grandes novelistas del siglo XIX. Esas casas de muros grises y mesas bajo los árboles debieran ser a esta altura un patrimonio de la humanidad. A través del cine, Francia nos ha hecho conocer –y añorar– su provincia tanto o más de lo que nos ha hecho conocer París o, por cierto, su renombrada costa mediterránea. Háblame de la lluvia, de Agnès Jaoui, está ambientada en uno de esos pueblos, a tres horas de París, una ciudad que nunca se ve pero que está presente como una sombra sobre sus personajes, un símbolo de liberación o de conquista inalcanzable para la mayor parte de ellos. Porque esta cinta trata, en el fondo, de expectativas no cumplidas, de insatisfacciones irresueltas, de desacuerdos entre lo que queremos y lo que logramos. Michel (Jean-Pierre Bacri) es un periodista maduro y torpe, que sueña con grandes proyectos que no tiene capacidad –ni ambición– de cumplir. Esta vez involucra a un ex alumno, Karim (Jamel Debbouze), para filmar a un documental sobre Agathe Villanova (la misma directora Agnès Jaoui), diputada feminista, como comienzo de una serie que supuestamente tratará sobre “mujeres exitosas”. Karim conoce a Agathe porque es hijo de la nana argelina que ha trabajado desde muy joven en la casa de los padres de Agathe. Junto a esta historia central está Florence (Pascale Arbillot), la hermana de Agathe, con un marido que la ama y consiente, pero cesante, infantil a los ojos de Florence y al que ella traiciona en raptos de gran pasión con el inútil de Michel. La cinta describe toda esta comedia humana con un tono leve, a medio camino entre lo cómico y lo irónico, muy lejos de la seriedad existencial con que muchas veces sentimos el cine francés contemporáneo. En un registro realista, la cinta poco a poco suma situaciones incómodas, que revelan arrogancias, desencuentros y rencores acumulados por los personajes. En una escuela que puede verse como deudora de Renoir y Rohmer nada es demasiado grave, pero la resolución tampoco está a la vuelta de la esquina. Los seres humanos no somos más que unos burros, parece querer decir la película, que rara vez sabemos ver lo que tenemos delante de nuestros ojos, que rara vez entendemos lo que nos hace bien, y, sin embargo, tenemos algo que no redime: nos interesa el amor; pese a nuestras pequeñeces nos tratamos de querer y de abrazar. En ese terreno hasta los personajes más patéticos tienen una posibilidad de salvarse de sus propias zancadillas y neurosis. Quizás la cinta fuerza de sobra algunos situaciones, como la relación entre Florence y Michel, cuyo lazo parece cumplir más las necesidad del guión que la naturaleza de los personajes, pero sus logros, especialmente su mirada a la vez aguda y compasiva sobre la condición humana, permite sentir que se está ante una película que alumbra con alegría e inteligencia la cartelera en estos difíciles tiempos para el espectador adulto.

Háblame de la lluvia

Dirigida por Agnès Jaoui

Con Jean-Pierre Bacri, Jamel Debbouze, Pascale Arbillot

Francia, 2008

100 minutos

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