Archive for 14 noviembre 2011

Larry Crowne y Bridemaids

noviembre 14, 2011


Comedias desde esquinas opuestas
(Publicado en el Artes y Letras, el 13 de noviembre, 2011)

Dos comedias se estrenaron esta semana. Una se pasa de lista, la otra quizás de ingenua. Partamos por la segunda.

Larry Crowne, el segundo largometraje dirigido por Tom Hanks, cuenta la historia de Larry (Tom Hanks), un empleado de una mega tienda de hogar y herramientas que, pese a rozar los cincuenta años de edad y a que trabaja con el empeño de un calvinista, lo despiden producto de la crisis económica que golpea a Estados Unidos. Poco antes de eso se ha separado, y ambos hechos confluyen en que la vida de Larry, que parecía la vida de un norteamericano medio relativamente bien establecido, repentinamente se descarrila, y queda sin referencias, huérfano del mundo que parecía cobijarlo. La cinta relata, entonces, como Larry debe partir de nuevo, comenzar su vida desde cero cuando tiene la edad en que muchos comienzan mirar la futura jubilación con cierto cariño. No vamos a entrar en detalles, pero en esta nueva vida, Larry descubre el placer de aprender, reduce las escalas de sus pertenencias pero a recibe a cambio el sabor de la libertad y la compañía que da el amor. La cinta es, por supuesto, indudablemente política, ya que no cuesta mucho ver a Larry como metáfora del destino actual de Estados Unidos. Como actor, Tom Hanks ha construido sistemáticamente la representación del norteamericano medio, bonachón, bien intencionado, quizás no muy inteligente pero con el corazón siempre puesto en el lugar correcto. Con Larry Crowne expande esta representación al ponerse en el papel de un hombre maduro, golpeado por una crisis económica, que en lugar de dedicar a lamerse las heridas, sale del hoyo enérgicamente, reinventado, más pobre pero mucho más feliz. Ojalá fuera tan fácil, sin embargo. Ojalá la vida tratara a los hombres y a los países con la gentileza con que trata a Larry Crowne, ojalá fuera tan sencillo salir adelante desde la ruina económica, desde la soledad afectiva. Cuando Hanks, como coguionista y director, propone que basta con tener una actitud positiva, abierta a los otros y desprendida para recibir las bendiciones del saber y del amor, peca de la misma ingenuidad y simplificación que criticamos en los libros de autoayuda. Su mirada no llega ser boba, porque la cinta suma algunos puntos, especialmente en torno a Julia Roberts que no ha perdido ni una gota de su encanto, pero es demasiado candorosa como para tomarse en serio como retrato –o comentario– del Estados Unidos de Obama.

Damas en guerra, por lado, aparece al otro lado de la escala de ingenuidad. Dirigida por Paul Feig, cuenta la historia de Annie (Kristen Wiig), una mujer que ha pasado la mitad de los treintas, no tiene carrera, no tiene pareja y es un despelote andando. Pese a todo, su vida no se encamina realmente al caos hasta que debe ser la dama de honor su mejor amiga (Maya Rudolph). Allí sufre la competencia de la perfecta Helen (Rose Byrne), que pone en evidencia sus debilidades como nunca imaginó y todo se cae a pedazos. La película es una suerte de versión femenina de las películas de Judd Apatow (Virgen a los 40), el hombre cuya mafia domina hoy la comedia de Hollywood. En Apatow los hombres, en su inmadurez congénita, resultan incapaces de entenderse con las mujeres y prefieren, por lo tanto mantenerse a salvo entre sí mismos. En Damas en guerra, las mujeres muestran está misma clase de inmadurez, a lo que se agrega un ánimo competitivo, cierto apetito sexual y el desparpajo para salirse de madre. No todos son atributos propiamente femeninos, sin embargo, la cinta no se complica con estos aspectos de género, no pretende ni quiere crear un nuevo paradigma, sino que simplemente aprovecha a estas mujeres para ponerlas en lugares donde, en la comedia al menos, suelen estar los hombres. Los resultados son a veces cómicos, a veces no tanto. Con todo, la cinta es una efectiva respuesta a la estupidez intolerable de cosas como Sex and the city. Estas mujeres lucen más humanas, más queribles y, por cierto, más atractivas. La mordacidad de la cinta, por lo demás, no es pura impostura. Tiene algunos dientes. No serán todos los pretende tener, pero los tiene.

Larry Crowne
Dirigida por Tom Hanks
Con Julia Roberts, Tom Hanks y Sarah Mahoney
Estados Unidos, 2011
98 minutos

Damas en guerra
Dirigida por Paul Feig
Con Kristen Wiig, Maya Rudolph y Rose Byrne
Estados Unidos, 2011
125 minutos

Música campesina (Country music)

noviembre 5, 2011

Alejandro Tazo (Pablo Cerda) y sus amigos semilosers caminan por Nashville.


Cierta sensación de libertad
(publicado en Artes y Letras, el 30 de octubre, 2011)

Con Música campesina, estrenada esta semana en los cines de Santiago, Alberto Fuguet vuelve a una situación muy propia de su cine, casi una marca registrada a esta altura: un hombre en sus treinta, aún joven pero cerca de dejar de serlo, se encuentra desadaptado de su entorno, solitario, desenchufado, perdido. En Se arrienda (2005), porque venía llegando del extranjero; en Velódromo (2010), por una suerte de intolerancia al otro; en Música campesina, porque el protagonista se encuentra en una ciudad y en un país que no son los suyos. Se trata de Alejandro Tazo (Pablo Cerda), que mientras va arriba de un bus pasa por Nashville, tiene un inconveniente y decide quedarse. Mucho después sabremos qué anda haciendo tan lejos de casa y porque le miente descaradamente a su hermano cuando lo llama por teléfono. Lo que importa en un principio es que Tazo está en Nashville, más sólo que un calcetín huacho, sin dinero y sin expectativas. Lo último, la falta de expectativas, sin embargo, lo ayuda, ya que Tazo espera poco y nada de su situación, más que conseguir un poco de dinero, tener algún amigo y hablar en castellano de vez en cuando ya que está cansado de hablar inglés sin dominarlo demasiado.

Tazo no está de vacaciones pero tampoco tiene las energías de un inmigrante. Simplemente está, algo aburrido, paralizado. El por qué aparece de a poco y es uno de misterios que la cinta aprovecha a su favor. Esta vez, a diferencia de lo que sucedía en Velódromo, la cinta no cuenta más de lo que debe. Aprovecha así la opacidad del cine, en el que veamos caras y no corazones, para generar parte de su intriga. Porque trama, lo que se llama trama, tiene poco y nada, lo que no es raro en el cine de Fuguet, sino todo lo contario. Su cintas tienden a ser episódicas, sin un entramado dramático muy claro, en el que el protagonista, sin embargo, emprende una suerte de ajuste con el entorno o, para ser más preciso, con sí mismo. Esta vez, sin embargo, el director y guionista no comete el error de subrayar de qué se trata el ajuste, tampoco comenta a través de los diálogos las razones socio o sicológicas que lo sustentan. Deja que el espectador se entere de a poco, que llene los vacíos con su imaginación.

Es difícil contar una historia en que lo que sucede es poco, y sucede, justamente, de una manera inasible, algo etérea. Pero, al parecer, es cierto que la práctica hace al maestro, porque Música campesina lo logra. Las pequeños episodios terminan por ser mucho más que la suma de las partes y terminamos involucrados, contentos incluso, por la manera en que Tazo logra recuperarse a sí mismo. En medio, algo se cuela: postales desde la puerta trasera de la mítica ciudad de Nashville; escenas cómicas de una manera inesperada, como aquella en que Tazo le habla en castellano a una mesera que no entiende una palabra de lo que dice; tiempos muertos, bien muertos; planos fijos que se llenan vitalidad, como aquel en que dos amigos improvisan una canción con tres palabras tontas; cierta sensación de libertad, que tiene que ver con la libertad que Tazo tímidamente comienza a disfrutar, pero también con la libertad que la cinta misma trasmite desde su factura, desde como está filmada y montada. Esta es la cinta menos grave de Fuguet, la menos pesada, la menos declarativa, la menos escrita y, a la vez, la más suelta, la más leve, la más cinematográfica. También es la que el protagonista se siente menos enclaustrado en sí mismo y más abierto al mundo y al futuro. Y no es que las películas de hombres neuróticos y esquivos sean peores que las de hombres libres y abiertos, pero que un director se mueva de un punto a otro hace pensar que su cine también puede moverse de un punto a otro, y los espectadores por cierto que disfrutamos de ese movimiento porque, entre otras cosas, al final también queremos ese movimiento para nosotros mismos.

Música campesina
Dirigida por Alberto Fuguet
Con Pablo Cerda, Lori Harrington y James Cathcart.
Chile y Estados Unidos, 2011
100 min