Pina, de Wim Wenders

Wenders saca a los bailarines de Pina a la calle, con resultados no siempre felices.



El talismán culturoso

(Publicado en el Artes y Letras, domingo 25 de diciembre 2011)

Dejo constancia que sé tanto de ballet como de filatelia, o sea, nada, de manera que con la arrogancia que me regala la ignorancia me arrojo a compartir algunos apuntes sobre Pina, el documental que el director alemán Win Wenders (1945) filmó sobre la coreógrafa Pina Bausch, recién estrenado en Chile:

–Que la cinta se llame simplemente Pina, en lugar de Bausch ya dice mucho. Tanta familiaridad es sospechosa. Da cuenta de que, bueno, tú y yo sabemos de quién se trata cuando decimos Pina. Solo hay una Pina, y si tú no sabes quién es “Pina”, todo bien pero la película no es para ti. El recurso del nombre de pila describe muy bien la realidad de que, de un tiempo a esta parte, hablar de esta coreógrafa se ha convertido es una suerte de talismán culturoso, una de esas monedas que usa la gente refinada para reconocerse entre sí, como antes pudo ser Kundera, el mismo Wenders o, ya que estamos en eso, Bolaño.

–Esta actitud se traspasa a la cinta, por supuesto. No hay mayores explicaciones sobre quién es Bausch, cómo gesto su carrera o cuál es su relevancia en el panorama general del ballet contemporáneo. Simplemente vemos una sucesión de fracciones de sus coreografías, más algunos testimonios breves, muy sintéticos y personales, de colaboradores y bailarines de su compañía, la Tanztheater Wuppertal. Todo muy cool, por supuesto, muy refinado, muy contemporáneo, fino y extremadamente estético. Todo muy Pina, of course.

–Wenders, tal como en Buena Vista Social Club, permanece lejos, distante, sin intervenir ni con la voz ni con su presencia. Cuando filma los montajes al interior de un teatro, el espacio natural para el ballet, lo hace con planos abiertos, dejando espacio percibir los movimientos de los bailarines y los planos simultáneos de acción, que al parecer eran característicos de Bausch. Es posible que, con el pasar de los años, estos segmentos, los que simplemente registran las coreografías, se puedan convertir en los más valiosos de la cinta, ya que, imagino, debe ser difícil trasmitir de otra manera las sutilezas de tal o cual movimiento del cuerpo.

–Wenders saca también, con unos pocos bailarines en cada ocasión, las coreografías a la calle y a la naturaleza, y entonces uno se pregunta cuál es el punto de enfrentar un arte tan teatral, tan hiperbólico, tan mímico si se quiere, como el ballet, a la dura luz de la realidad. ¿Wenders nos está diciendo que Bausch hacía piezas que, pese a su teatralidad y abstracción, trataban sobre situaciones cotidianas? ¿O lo hace porque le gusta imaginar un mundo sin palabras pero hecho de los gestos heroicamente expresivos de “Pina”? Cualquier sea la respuesta, estas secciones nos recuerdan que el exceso de pretensión ciertamente puede ser incómoda.

–En toda película, pero especialmente en todo documental, uno espera –o desea– ciertas cuotas de verdad, hallazgos que, una vez vistos, sentidos, nos cambian en alguna proporción, por mínima que sea, nuestra mirada sobre el mundo. En Pina, esos hallazgos son escasos, pero, cuando los hay, provienen de los logros de ciertas coreografías. Bausch, cuando no se toma el ballet terriblemente en serio, logra piezas juguetonas, comentarios casi cómicos sobre la sexualidad o la tensión entre los sexos. Cuando se arroja, en cambio, a retratar la profunda soledad del hombre contemporáneo, sus ideas se sienten bastante más limitadas que las de, por ejemplo, Chaplin en Tiempos modernos. Bausch proviene de una tradición –la alemana– expresionista, torturada y algo operática, y a veces se nota demasiado.

–Cuando Wenders era joven, siempre cuenta, comenzó a filmar porque le gustaba la pintura, y se imaginaba el cine simplemente como cuadros en movimiento. No solo no le interesaba contar un historia, sino que narrar le parecía una desviación del propósito cinematográfico. Cuando se dio cuenta de que, dada la disposición secuencial del cine –una imagen va detrás de otra–, era inevitable contar una historia terminó por entregarse a la narración, pero siempre tratando de evitar trampas que impone privilegiarla en exceso. Esta búsqueda de lo propiamente cinematográfico, esta tensión entre narrar y tratar de no hacerlo, lo llevó a filmar algunas películas inolvidables como el Alicia en las ciudades (1974), El transcurso del tiempo (1976), Mi amigo americano (1977) o París, Texas (1984). Pero Wenders, que hace mucho tiempo que no filma algo que no den ganas de cerrar los ojos, arma Pina sin mayor tensión, escapando de la narración, como en su tierna juventud, pero sin ofrecer mucho a cambio, casi nada más allá de lo que Bausch destiló antes, por su propia cuenta.

Pina
Documental de Wim Wenders
Alemania, Francia, Gran Bretaña, 2011
106 minutos

2 comentarios to “Pina, de Wim Wenders”

  1. LAS CRÍTICAS: ‘Misión Imposible 4′, ‘Pina’, ‘La comiquería’ | Analizame Says:

    […] con 4 de 5 estrellas. ADEMÁS: Quizás la objeción más clara a “Pina” la hace Ernesto Ayala en Artes y Letras de El Mercurio. “De un tiempo a esta parte, hablar de esta coreógrafa se ha convertido es […]

  2. carlos Says:

    La pelicula podra ser cool,pero tu articulo es muy snob
    Ya va bien un poco de cool a la cartelera chilena,plagada de estereotipos gringos
    Pina hablaba con la danza,eso explica con imagenes wenders

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