Balada triste de trompeta

¿Qué le pasó a Alex de la Iglesia?

Por Ernesto Ayala
(Publicado en Artes y Letras, El Mercurio, 22 de abril, 2012)

Cuesta creer que alguna vez nos haya gustado Alex de la Iglesia (1965). ¿Fue él quien se perdió o fuimos nosotros los que estábamos perdidos cuando sus películas sí nos gustaban? Reconozco, abiertamente y en primera persona, que no reviso ninguna de sus películas hace años. De modo que, con la arrogancia propia de un crítico de cine, tiendo a creer que fue él quien se perdió.

Sus películas siempre han combinado el comentario político con la cita cinematográfica, pero al mismo tiempo solían resguardar a sus personajes. Por irreales que fueran los planteamientos o los desenlaces de la tramas, desde Acción mutante (1993) hasta La comunidad (2000), o incluso en Crimen ferpecto (2004), los personajes de este director español eran rabiosamente posibles, francamente humanos, miserables a veces, irritantes en otras, pero casi siempre muy necesitados. Ahora que esta humanidad parece totalmente extinta en Balada triste de trompeta, cinta del año 2010 pero recién estrenada en Chile, resulta evidente que ella era la piedra angular de su cine, que permitía juntar las partes y mantener el castillo en pie. Sin el amor por sus personajes, el cine de de la Iglesia cae en el homenaje cinematográfico formal; en el comentario político redundante -ya que sus ideas, por interesantes que sean, no dan para sostener una película entera-; y, por último, en esa tendencia al esperpento tan propia del cine español, recurso que hace mucho rato que perdió su brillo, sí alguna vez lo tuvo.

Balada triste… comienza en la guerra civil española, con un ejército republicano que entra en un circo y obliga a sus miembros a incorporarse a su bando. En el combate inmediato son vencidos y uno de los payasos (Santiago Segura) es tomado prisionero. Pasan dos grandes elipsis, estamos en los años setenta, y Javier (Carlos Areces), el hijo de aquel payaso, comienza a trabajar en un circo como el “payaso triste”, el que recibe las bofetadas del “payaso gracioso”, que se llama Sergio (Antonio de la Torre) y que fuera del escenario es cualquier cosa menos gracioso, ya que destila arrogancia, bebe como quien respira y golpea a su novia, la bella Natalia (Carolina Bang), una de las acróbatas. Los problemas para Javier empiezan cuando él también se enamora de Natalia, que, para colmo, le coquetea descaradamente. La guerra entre ambos payasos se dispara a punta de efectos del guión y más temprano que tarde estamos en un final épico/hichcockiano en la cruz que corona el Valle de los Caídos, en las cercanías de Madrid. Para ver la metáfora de la cinta no hay que tener un doctorado en Lacan precisamente: los dos payasos (los dos bandos de la guerra civil) terminan desfigurándose la cara y destrozándose por una mujer que no sabe lo que quiere (España). Para mayor énfasis, el director del circo lo dice literalmente en algún momento del desenlace: “No somos nosotros. Es este país el que no tiene remedio”.

De la Iglesia desarrolla a sus personajes con tanta pereza que incluso al protagonista no le da más que una o dos características. El resto parece apenas la sombra de un cortejo. En su lugar, suma escena tras escena, violentas, enfáticas, con una prisa tan evidente que la narración se hace inconexa, errática y, en vez de acumular atmósfera, peso o emoción, parece ir disgregándose entre los gritos, los balazos y la sangre.
Sí, cuesta creer que este mismo director hace algunos años nos hizo reír, gozar y, al mismo tiempo, sentirnos muy incómodos. Pero seamos optimistas. Quizás la culpa no es que de la Iglesia esté, creativamente hablando, convertido en un moribundo. Quizás la culpa es de la guerra civil española. A final -y a riesgo de pecar de frívolo- una de las peores consecuencia de esta guerra y de la consiguiente dictadura de Franco, la vivimos hoy en un cine español que vuelve y otra vez a estos períodos con, casi sin excepción, nefastas consecuencias. Si una película española va por la guerra civil, conviene arrancar o ponerse a resguardo.

Balada triste de trompeta
Dirigida por Álex de la Iglesia
Con Carlos Areces, Antonio de la Torre, Carolina Bang
España, 2010
107 minutos.

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